Hoy os traigo un post poco habitual en mí. Está dedicado a la historia de nuestro templo, el Ramón Sánchez Pizjuán. Como sabéis, hace relativamente pocas fechas, el Sevilla FC celebró el 50º aniversario de su construcción (1958-2008). Un estadio, del que hoy nos sentimos tremendamente orgullosos todos los Sevillistas. La obra del estadio se encargó al arquitecto Manuel Muñoz Monasterio, el mismo que ya había construído el Santiago Bernabéu y que entraba de lleno en las pretensiones del Sevilla FC, puesto que se quería realizar uno de los tres mejores estadios de fútbol en España. Un estadio que fue inaugurado en 1958 con un partido amistoso frente al Jaen.
Sin embargo, las obras del estadio Ramón Sánchez Pizjuán no finalizaron hasta el año 1975, bajo el mandato de D. Eugenio Montes Cabeza, y lo hicieron con el cerramiento de la grada alta de los goles situados detrás de las dos porterías. Y en ese precioso año, 1975 (el de mi nacimiento, o el del nacimiento de la Peña Biris), la situación económica del Sevilla FC no era tan boyante como la actual, por lo que se pidió a los socios y aficionados del Sevilla FC que realizasen una aportación voluntaria para facilitar el cerramiento del estadio. Vamos, lo que se llama el crear una FILA CERO.
Los más viejos del lugar que leéis esto, seguro qe tenéis una entre vosotros. Los más jóvenes, podéis preguntarle a vuestros mayores, que seguro que recuerdan la colaboración que tuvieron que realizar.
Mi padre, como tantos otros Sevillistas, realizó su aportación. Se podían realizar (según me cuenta), de 50, 100, 200 y 500 pesetas, cree recordar. Habría que matizar que allá por el año 1975, el sueldo medio de un trabajador en España podía ser de unas 15.000 pesetas mensuales, más o menos. A cada Sevillista que realizaba una aportación, se le entregaba una de estas entradas de FILA CERO como recuerdo. Cuando ya han transcurrido más de 35 años, mi padre la sigue conservando como paño en oro y guarda un gratísimo recuerdo y orgullo cuando habla de ella.
En el reverso de la entrada pueden leerse los datos de Juan López Hita, jugador por entonces de nuestra entidad. Me llama la atención el dato curioso de que un jugador pudiese medir 1,65 m y llegar a pesar 68,400 Kg. Eso hoy día sería completamente inviable, al menos en el 99,9% de los casos, dado el rutinario control de peso que se realiza en los equipos.



